Tras años de lucha contra el absolutismo, el sistema monárquico, el descontento de las clases populares, y la exaltación de los conceptos de igualdad y fraternidad, llegó la revista Hola, y se erigió en el gran azote del proletariado.
Una forma callada de sesgar los años de historia que la precedían, y las pretensiones de la masa por hacerse con el reconocimiento de su singularidad.
En la época de la posguerra las novias del pueblo se casaban con sastre oscuro, su máxima aspiración era llevar un bonito broche en la solapa, y unas ondas al agua.
A principios de los 60 la boda de Marisol con Carlos Goyanes, inspiraba, vestido abotonado al cuello, y adornos florales se convertían en el anhelo de todas las casaderas.
Pero eso solo era el principio, la revista Hola ha ido horadando los fundamentos de pensadores como: Marx, Voltaire, Rousseau, Owen, y otros tantos, que fueron promulgando los intereses de la sociedad en general frente a las clases favorecidas.
En silencio, cada semana, las vidrieras de la popular revista fueron acaparando las pupilas del vulgo.
Ahora todos queremos emular a la aristocracia y a las clases altas. Si el hijo de Nati Abascal, alias dictus, Rafael Medina y Fernández de Córdoba, hubiera llevado slippers en su divulgada ceremonia de boda, me puedo imaginar a más de uno customizando las zapatillas de estar por casa.
Si la sobrina iba vestida de Valli, allí que va la vecina del cuarto con el recorte del Hola para pedir a la sastra del barrio, Encarnita, que lo copie, aunque su cintura tenga el perímetro del cíngulo del Abad del Nombre de la Rosa.![]()
La madre de Pedrito Rodríguez, o de Rodríguez como ella alimenta en su círculo, intenta recordar las normas:
"La mantilla blanca en presencia del Papa o en los toros, del rojo sangre no dice nada, ¡y me sienta tan bien! Mi niño con chaqué, lo alquilamos, tiene tan buena planta, y clase para llevarlo".
Todas las asistentes buscan los guantes a conjunto, tienen sus dudas sobre qué mano han de dejar libre:
"Me fijo bien en la revista, un momento, en esta foto es la izquierda, y en esta la derecha. Sin problemas, me quito un ratito una, y después la otra".
Ya en el ágape nupcial las chaquetas descansan en los respaldos de las sillas engalanadas, los pies se liberan de los tacones, frotándose furtivamente, buscando la sensación de alivio. El padrino en cuyo ojal descansa un clavel mustio, despedaza un Farias entre los dientes, mientras, mira de reojo a la madrina para decir:
"Pero Reme, ¡que te chupas los dedos con los guantes puestos!".
"Pepe, es que así no me ensucio las manos con las gambas”.
Y de esta forma, paso a paso, semana tras semana, la revista Hola sosiega las conciencias, y las inquietudes de los que más que siervos de la gleba, parecen los siervos de las bodas.
Si Robespierre levantara la cabeza...













Que bueno tu post!! Me ha encantado tu asociación de ideas.