
Las rayas me persiguen hasta la saciedad. Pululando por estas calles nuestras, las susodichas me abordan desde los escaparates de las infinitas tiendas de Zara, adornadas con pañuelos rojos-azules y pantalones jodhpur color camel. Todas las maniquíes me miran desafiantes; es como si dijeran "a ver si te atreves a imitarme, a ver si te atreves a mimetizarte como el resto del planeta".
Si paseo la mirada por el street style, allí permanecen las rayas asidas a cada piel, a cada torso, parecen susurrar "navy, navy, navy", y yo que las amo , las idolatro, pero no puedo soportar que me pongan los cuernos con todas.
¡Yo que las consideraba un básico en mi armario!, y ahora se marchan con la primera que desembolsa un puñado de euros. Ya me pasó con las argollas, tuve que dejarlas ir porque se convirtieron en un emblema cani; después incluso de haber encargado el Copacabana de Nars a Estados Unidos, para emular el look de Jennifer López.

Ya ocurrió en Inglaterra con la gorra Burberry, el chav(cani de allí) se la apropió y la paseó por los suburbios insistentemente, hasta que la venerable marca la retiró del mercado para no sucumbir a la mala imagen, ¡menos mal que nunca fui logófila!

En fin, mis amadas, me colocáis en una encrucijada: quedarme a vuestro lado y correr el riesgo de parecer uniformada, o alejarme con gran dolor de mi corazón.
Mientras medito, leeré algo de Marinero en Tierra.













Son un básico al q nunca renunciaré pq siempre las he llevado!
No se trata de lo que lleves sino de CÓMO lo lleves! ;-)
Feliz semana,
xx