
Últimamente, cada año que veo desfilar a los músicos en los premios Grammy, me desilusiono más, me pregunto por qué se mimetizan en actores de Hollywood. La música, otrora transgresora, rebelde y divertida, se ha convertido en una herramienta en manos de los diseñadores consagrados. Las gasas, los tules, el esmoquin practican poses políticamente correctas para los flashes, a este paso los cantantes, guitarristas y demás van a terminar asomándose más a la ventana del Vogue USA que a Rolling Stones.
Ellos que formaban parte de la élite de los contraventores y los insurrectos, tenían ese afán reivindicativo que ahora echo en falta.
Keith Richards con sus pañuelos en la cabeza, Mick Jagger con los guardapolvos, la casaca del club de los Corazones Solitarios de Sargent Pepper´s, el corsé armado de Madonna, las gafas redondas que cubrían los visionarios ojos de John Lennon.
Me resulta insólito contemplar a raperos vestidos de Armani, omitiendo sus pesados quilates de oro, a las divas del pop ardiendo en deseos de coronarse como "la más elegante", a las grandes cantantes negras rebosar de abundancia en sus trajes embutidos con vaselina.
¿Dónde se han dejado el flea market, los diseñadores independientes, los sombreros de copa, el ojo saturado de eye-liner, las camisetas con Fuck off como lema, el vaquero arrastrado por los suelos y marcado a fuego?

¡Por Dios Hendrix, manifiéstate!









Si los cantantes de moda son mas maniquis que otra cosa, casi todos.